Psicoterapia en Chamberí

La fragilidad de los vínculos en la sociedad moderna

Sigmund Freud, en «El Malestar en la Cultura», propone el malestar, como algo inherente a la cultura. Los vínculos humanos no están únicamente atravesados por los vínculos amorosos, también existen otros afectos como el odio, el rencor, la hostilidad. Es a través de los vínculos que se establecen con los “cuidadores” que el «cachorro humano» consigue entrar en sociedad, sofocando pulsiones que constituyen nuestra naturaleza humana. Entrar en la cultura tiene un precio: nuestra neurosis. Estamos sometidos a unas reglas simbólicas.


Nos emancipamos de una sociedad “bestial” a cambio de una seguridad confortable y reconfortante que sólo la sociedad nos puede brindar. Nada es gratisni completamente satisfactorio. La falta de libertad es necesaria y a veces puede significar una renuncia para evitar males mayores como caer en la desgracia social o sufrir de un temido ostracismo.


Seguir el «camino correcto» nos protegía. ¿Cuántos caminos podemos tomar hoy en día?


En la actualidad, las manifestaciones clínicas, y sus formas de sufrimiento psíquico vienen marcadas por los efectos de una nueva modernidad con diferentes imperativos. Leyes donde las pulsiones se sofocaban, en busca de estabilidad, se han dado la vuelta y ¿han producido nuevos malestares?

¿Cuáles son esas nuevos imperativos sociales?


Nuestra sociedad de consumo nos ha traído nuevos imperativos relacionados con su lógica de consumo: belleza eterna, juventud, fantasías de omnipotencia, goce ilimitado.. estos malestares ya no tienen que ver con las prohibiciones de antaño, sino más bien con el exceso de opciones, la abundancia y la multiplicación de posibilidades; Existe el mensaje generalizado del derecho a disfrutar. A gozar. Y se intenta «escapar» de la realidad de una vida que nos pondrá, antes o después frente a la realidad de la vida, golpeando, como siempre hará, nuestra autoestima. Poniendo a prueba la solidez de ésta.

¿Estamos preparados para la realidad de la vida o nuestra fantasía de omnipotencia no es capaz de aceptar lo que la vida, inevitablemente nos trae?

En consulta se ha generalizado un queja y dolor: la 5 falta de relaciones significativas, duraderas, profundas y solidas; preparadas para cuando los problemas lleguen.

Los sentimientos de sentimiento de vacío, (que a mi entender, no deja de ser un síntoma de una sociedad donde el culto a la rapidez, lo instantáneo y el miedo al compromiso) , impiden un posicionamiento frente al propio deseo. Aceptando la renuncia que implica una elección honesta con uno mismo. “Todo” no es posible. No se puede tener todo . ¿O si?
Elegir implica la posibilidad del fracaso, de la pérdida. Apostar siempre implica la posibilidad de perder. Y poder aceptar que perdemos necesita de una alta dosis de madurez emocional.


¿Qué se ha “dado la vuelta” en nuestra sociedad?

La evitación de la responsabilidad que implica la honestidad con nuestro propio deseo hace que seamos cada vez más frágiles y para evitar la realidad ¿Qué mejor que hacer un «como si»? Nada se juega, nada se vive, nada se pierde. Ese es el engaño. El poso del vacío que deja de la mentira de una vida «como si».

Las demandas en consulta son también hijas de esta sociedad que vivimos y como tales expresan ese vivir en un miedo a agotar el propio deseo. Este es uno de los factores por lo que, cada vez más a menudo y más pacientes hablan de sus «parejas fugaces«.

Lo describen así: «Es un narcisista» o “Es una persona tóxica», «Me ghosteó», «Me deja en visto», generando angustia, sufrimiento, culpa y un sentimiento de no significar nada para el otro que suponía amar.

Describía, muy certeramente, una paciente que amablemente cedió su experiencia esta nueva forma de vincularse:


“Jugamos a un juego en las relaciones, como si el amor fuese una debilidad. Cuidar de tu pareja, estar pendiente, te hace débil y despreciable frente a él. Yo le parecía débil por mostrarme tierna. Es un juego y me hace sentir estúpida. Parece que el que se enamora pierde. Al final me creí su historia. Pero solamente me estaba utilizando”


Al hilo de estas nuevas formas de sufrimiento que llegan a consulta una paciente relataba esta dinámica de relación tan normalizada que parece haberse convertido en una nueva manera de vincularse. Una vinculación desde lo imaginario, que no da tiempo a reconocer la subjetividad del otro y su falta. Y la propia.


No dejó de impresionarme esta expresión que muestra una dinámica social cada vez más frecuente y que daña profundamente el desarrollo psicológico de los más jóvenes y de los que no lo son tanto. La banalización de las relaciones amorosas y sexuales. Y el cuerpo, al consumo…

¿Tienen recorrido estas «medidas de protección» ante una posible pérdida, frente al miedo al compromiso con uno mismo y con el otro?


Continuaba diciéndome esta paciente:


«Si eres popular en las redes todos quieren estar contigo. Si no, eres una marginada. No puedo encontrar relaciones que realmente me llenen. Quiero encajar, pero no sé qué hacer. O entro en ese juego o me quedo fuera”.


¿Cómo construir un espacio para la tristeza, la frustración, la pérdida y en definitiva los límites y renuncias que implican la vida?

Te propongo un espacio para pensar qué deseas, que proyectas y quién eres para vivir con la máxima honestidad y coherencia posible.

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