Psicoterapia en Chamberí

Angustia

        “Angustia: diferentes expresiones de un mismo afecto”

Es cada vez más frecuente la llegada a consulta de pacientes con un gran padecimiento psíquico debido a la aparición de síntomas relacionados con la angustia: Ataques de pánico, somatizaciones, pensamientos obsesivos, dificultades por la sobrecarga laboral..

Llegan habiendo buscado, sin éxito, una explicación racional a su padecimiento, con una gran carga de incertidumbre, desasosiego, sensación de incapacidad personal y parálisis, entre otras emociones. Estos efectos que produce, pueden llegar a ser tan desestructurantes que incapacitan a quien la padece en esferas básicas y necesarias para una vida funcional y satisfactoria: el trabajo y relaciones afectivas.

Para un abordaje integral será entonces importante tener en cuenta tanto el contexto social como el momento vital del paciente, su posición frente al mundo y la historia de cargas internas y externas que le acompañan.

Estos desbordamientos de angustia pueden expresarse a través de diferentes formas, en función de las herramientas que hasta ese momento haya podido utilizar. Puede presentarse súbitamente, o no, a través de un ataque de pánico, utilizando el cuerpo como dique de contención, en el atrapamiento de relaciones conflictivas, en pensamientos obsesivos, miedos irracionales.. La expresión del malestar es diferente, pero el núcleo del afecto es el mismo: la angustia.

A través de ejemplos prestados de otros pacientes, ejemplificaré cómo puede un mismo afecto, en este caso la angustia, presentarse de diferentes formas.

Quiero desde aquí agradecer a los pacientes que, a través de este generoso regalo, ayudarán a otros a reconocerse en su padecimiento. Gracias por vuestra generosidad con los otros al compartir algunas de vuestras experiencias.

¿Cómo puede aparecer un ataque de pánico?

Un ataque de pánico:

“¡Cualquiera se sentiría como yo en estos momentos! ¡Quién no tendría miedo ante la posibilidad de quedarse sin pagar el pequeño apartamento en el que vivía! esa sensación de angustia por tener que callar para poder sobrevivir en una ciudad cada vez más difícil de vivir. En el metro todos tenían la misma expresión de resignación humillada ante el sentimiento de sentirse incapaces de escapar de su situación. Me preguntaba quien les esperaría en casa y si merecía la pena ese trayecto cada día en el mismo vagón de vuelta a casa.

Pero no dejaba de preguntarme por qué ese miedo paralizante, que me empujaba a buscar, de nuevo, su reconocimiento. Era imposible que su mirada se alegrase ante mi presencia, ni trayendo buenas noticias ni con buenos resultados. Me entristecía profundamente. ¿Por qué no pensaba, como todas en la oficina que era una absoluto imbécil?. Me hacía sentir incapaz e inútil. Al mismo tiempo un impulso inevitable me impedía apartarme de él.

Si. Tenía miedo a perder mi trabajo. Pero el miedo que me producía una mirada suya me sobrecogía y tenía más fuerza que cualquiera del tamaño de las facturas a pagar.

Ya no era capaz de plantearme la posibilidad de decir que no, y salir a mi hora. Necesitaba su aprobación para evitar irme a la cama con ese diálogo en mi cabeza acerca de mis capacidades, en las que solamente poseía el poder de elevarlas a un lugar digno.  ¿A quién le concedía ese poder al que me sometía una simple mirada suya?

¡Claro que me enfadaba! Y me angustiaba. Temía la entrada a su despacho, el corazón me latía más rápido, las palabras se bloqueaban y empequeñecía a cada cuestionamiento sobre mi trabajo.

Hasta que estallé definitivamente. Fue como una implosión. Todo a mi alrededor giraba y el sentimiento de vértigo se apoderaba de mí. Lloraba, me temblaban las piernas, los brazos y apenas podía respirar. Mis compañeras me acompañaron a la sala de descanso y allí me consolaron. Fue devastador. No sé en qué momento ni por qué no puse un límite al principio”.

¿Y una somatización?

Expresiones somáticas:

El cuerpo expresa lo que no decimos con palabras. No es aleatoria la manera y la elección del lugar donde aparece la angustia sin palabras.

“Cada vez que tengo una situación incómoda con alguien tengo reacciones cutáneas. Comienzan por el pecho y continuando por el cuello se extienden por mi todo mi rostro ¡Acabo toda roja! Además, no lo puedo esconder. Esto me incomoda mucho.”

¿Y si es en una situación concreta? ¿o a un objeto concreto?

Miedos específicos. Fobias, escenarios.

Cuando elaboramos una fobia específica ¿Qué miedo queda desplazado hacia un animal, una escena, un objeto? ¿Cuál es la función hacia un solo objeto? Aunque pueda parecer funcional, al romperse este síntoma, puede convertirse en una angustia generalizada. O bien la misma fobia puede incapacitarnos en lo laboral y/o en lo social.

“Tengo pánico a las arañas. Tan sigilosas en su caminar y tejiendo para atrapar comida… ¡no puedo ni pensarlo! Siento pánico. Recuerdo que, siendo niña, mi madre me tejía una bufanda y yo estaba jugando en el salón y apareció una araña de esas con las patas largas. ¡Me quedé paralizada! Mi madre corrió en mi ayuda y la mató de un “zapatazo”. No sé el motivo, pero puedo recordar la impresión que tuve al ver a mi madre matar a aquella araña”

Miedo a hablar en público:

“Cada vez que pienso en hablar en público entro en pánico. Me bloqueo y comienzo a tartamudear. Y eso es incompatible con hacer una presentación delante de mis compañeros. Pienso que haré el ridículo y que mi exposición frente a una audiencia será fuente de risas. Me siento ridículo, me siento ridículo.”

Pensamientos obsesivos

Como un miedo a nuestros afectos reprimidos pueden surgir conflictos psíquicos en forma de pensamientos obsesivos.

“Me obsesiono pensando en la posibilidad de que mi novia tenga un accidente y salga herida. Es tal mi obsesión que no le permito que conduzca. Tenemos muchos problemas porque es constante en todas y cada una de sus actividades. Si no me obedece, exploto”.

Es importante en estos casos, en los que el paciente se encuentra asustado, desbordado, frágil y confuso, poder ofrecer un espacio de escucha y contención. Con el fin de facilitar que el paciente pueda hablar sin censura, sobre sus emociones y descargar esa tensión a través de las palabras. Reduciendo la tensión contenida, aumentará su capacidad de pensamiento, promoviendo la identificación de las señales que disparan su ansiedad y pueda establecer las relaciones entre las emociones, signos y contexto.

Así promoviendo una escucha, contención y elaboración de los afectos que generan este gran malestar en el paciente.

¿Qué puedo ofrecerte para que encuentres soluciones a tu angustia?

  • Un espacio donde no se juzga al paciente.
  • Un acompañamiento en la identificación de los elementos que han desencadenado tu desbordamiento emocional.
  • Una revisión en tu propia historia sobre este síntoma.
  • Pensar sobre ellos y entrelazar signos, dando nuevos significados a tu angustia.
  • Te dotarás de herramientas propias para hacer frente a tus conflictos.

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